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Compresión axial: ¿Porqué en CrossFit "no entrenamos el core"?

Actualizado: 10 jul

PARTE II. LA COMPRESIÓN AXIAL: EL ESTÍMULO QUE TU COLUMNA NECESITA

Durante los últimos años se ha popularizado la idea de que cualquier ejercicio que genere compresión axial sobre la columna vertebral es perjudicial. Sentadillas, pesos muertos, cargadas, arrancadas o incluso los farmer's carries son frecuentemente sustituidos por ejercicios considerados "más seguros", con el objetivo de proteger la espalda y reducir el riesgo de lesión.


Sin embargo, esta visión simplifica en exceso el funcionamiento del cuerpo humano y contradice gran parte de la evidencia científica disponible. La realidad es que la columna vertebral está diseñada para soportar fuerzas de compresión. De hecho, caminar, correr, saltar o levantar a un niño generan cargas compresivas que superan varias veces el peso corporal.

El problema no es la existencia de compresión axial, sino la incapacidad del organismo para tolerarla.

Como ocurre con cualquier otro tejido del cuerpo, la columna responde al principio de adaptación biológica. Cuando las cargas son progresivas, adecuadamente dosificadas y acompañadas de una recuperación suficiente, el organismo desarrolla estructuras más resistentes y sistemas de control más eficientes. Desde esta perspectiva, evitar sistemáticamente la compresión axial puede ser tan contraproducente como evitar correr para proteger los tendones o dejar de levantar peso para prevenir lesiones musculares.


¿Qué es la compresión axial?

La compresión axial es la fuerza que actúa longitudinalmente sobre la columna vertebral, comprimiendo las vértebras y los discos intervertebrales. Estas fuerzas aparecen continuamente durante las actividades de la vida diaria y aumentan considerablemente durante el entrenamiento de fuerza.



Ejercicios como la sentadilla, el peso muerto, la halterofilia o los loaded carries generan elevadas fuerzas compresivas debido al peso externo y a la intensa contracción de la musculatura del tronco. Lejos de representar un fenómeno anómalo, estas fuerzas constituyen uno de los principales estímulos para el desarrollo del sistema musculoesquelético.

El cuerpo humano no fue diseñado para evitar las cargas, sino para adaptarse a ellas.

La estabilidad de la columna según Panjabi

Uno de los modelos más influyentes para comprender cómo responde la columna vertebral a la carga fue desarrollado por Manohar Panjabi (1992). Según este autor, la estabilidad espinal depende de la interacción de tres subsistemas:

  • El primero es el sistema pasivo, formado por las vértebras, discos intervertebrales, ligamentos y cápsulas articulares.

  • El segundo corresponde al sistema activo, integrado por toda la musculatura que rodea la columna, incluyendo erectores espinales, multífidos, transverso abdominal, oblicuos y musculatura de la cadera.

  • Finalmente, el tercer componente es el sistema de control neural, encargado de coordinar la activación muscular y adaptar continuamente la rigidez de la columna a las demandas mecánicas de cada movimiento.

La lesión aparece cuando alguno de estos sistemas es incapaz de responder a la carga aplicada. Por tanto, el objetivo del entrenamiento no debe ser eliminar la compresión axial, sino aumentar progresivamente la capacidad de los tres sistemas para tolerarla.

Cómo se adapta la columna a las cargas

La exposición repetida a cargas compresivas produce múltiples adaptaciones:

  • El tejido óseo responde aumentando su densidad mineral y modificando su arquitectura interna. Este fenómeno, descrito por la teoría mecanostática de Frost, explica por qué los deportistas que entrenan fuerza presentan una mayor resistencia ósea que individuos sedentarios.

  • La musculatura del tronco también experimenta adaptaciones relevantes. Los extensores lumbares, los multífidos y el resto de la musculatura estabilizadora incrementan su capacidad para generar fuerza y mantener la rigidez de la columna durante movimientos de alta intensidad.

  • Los discos intervertebrales tampoco son estructuras estáticas. Durante la carga expulsan parte de su contenido líquido y durante los periodos de descarga, vuelven a hidratarse mediante difusión. Este ciclo constituye un mecanismo fisiológico imprescindible para el mantenimiento de su metabolismo y nutrición.

  • Finalmente, el sistema nervioso mejora la coordinación entre todos los músculos estabilizadores, permitiendo anticipar la aparición de fuerzas externas antes incluso de que el movimiento comience. Este fenómeno reduce los desplazamientos intervertebrales y mejora la eficiencia mecánica del tronco.


La compresión axial mejora el rendimiento deportivo

Desde el punto de vista del rendimiento, la capacidad para soportar compresión axial es una cualidad imprescindible. En prácticamente todos los deportes la fuerza se genera contra el suelo y debe transmitirse a través del tronco hacia las extremidades superiores o inferiores. Si la columna pierde rigidez durante este proceso, parte de esa energía se disipa y disminuye la producción de fuerza.


Un tronco estable actúa como un puente rígido que permite transmitir las fuerzas con mayor eficiencia.

Por este motivo, atletas con una excelente capacidad para tolerar cargas compresivas suelen levantar más peso, correr más rápido, saltar más alto y cambiar de dirección con mayor eficacia.

La halterofilia constituye probablemente el mejor ejemplo. Durante una arrancada o una cargada, el deportista debe soportar enormes fuerzas compresivas mientras mantiene posiciones técnicamente precisas. Estas adaptaciones no solo permiten mover grandes cargas, sino que mejoran la capacidad para producir potencia en numerosos deportes.

Los powerlifters muestran adaptaciones similares.


Aunque su disciplina persigue el máximo rendimiento en tres levantamientos, desarrollan una extraordinaria capacidad para estabilizar la columna frente a elevadas fuerzas externas. Esta habilidad puede transferirse positivamente a otras modalidades deportivas cuando el entrenamiento está correctamente planificado.


El error de demonizar la compresión axial

En muchas ocasiones, la compresión axial se presenta como el enemigo de la salud lumbar. Se eliminan sentadillas profundas, pesos muertos o ejercicios por encima de la cabeza mientras se sustituyen por variantes con muy poca carga.

Esta estrategia puede disminuir temporalmente el estrés mecánico, pero también reduce el estímulo necesario para que el organismo se adapte.

Es importante diferenciar entre carga y sobrecarga.

La carga es necesaria para producir adaptación.

La sobrecarga aparece cuando la demanda supera la capacidad del tejido.

Eliminar la carga para evitar la sobrecarga supone renunciar al proceso adaptativo que precisamente aumenta la tolerancia del organismo.

La preparación física moderna no consiste en proteger constantemente al deportista de las cargas, sino en desarrollar progresivamente la capacidad para soportarlas.


¿Qué significa esto para el entrenamiento del core?

Durante años el entrenamiento de la zona media ha estado dominado por ejercicios de baja intensidad centrados en mantener posiciones isométricas durante largos periodos de tiempo.


Aunque estos ejercicios pueden tener utilidad en determinadas fases del entrenamiento o la rehabilitación, resultan insuficientes para preparar a un deportista cuya realidad competitiva implica soportar cientos o miles de ciclos de elevada compresión axial.


Un core funcional no es aquel que realiza el mayor número de planchas. Es aquel que mantiene la posición de la columna mientras transmite grandes cantidades de fuerza. Por ello, el entrenamiento de la zona media debe integrarse dentro de los grandes patrones de movimiento: sentadillas, pesos muertos, cargadas, arrancadas, presses, carries y movimientos gimnásticos.


En estos ejercicios, la musculatura estabilizadora trabaja exactamente como lo hace durante la competición: resistiendo fuerzas elevadas mientras el resto del cuerpo produce movimiento.


Aplicación al entrenamiento en CrossFit

CrossFit representa uno de los mejores ejemplos de deporte donde la tolerancia a la compresión axial resulta determinante. Cada sesión combina levantamientos olímpicos, movimientos gimnásticos, ejercicios de fuerza y esfuerzos metabólicos de alta intensidad. La columna debe mantener su estabilidad bajo fatiga, con cargas elevadas y en múltiples planos de movimiento.


Por este motivo, reducir sistemáticamente la exposición a la compresión axial puede limitar el desarrollo del rendimiento.


La programación debe respetar el principio de progresión, controlar el volumen y la intensidad, enseñar una técnica eficiente y garantizar una recuperación adecuada. Cuando estas variables se gestionan correctamente, la compresión axial deja de ser un riesgo para convertirse en uno de los estímulos más importantes del entrenamiento.


Conclusión

La compresión axial no es un enemigo del deportista. Es una de las fuerzas fundamentales a las que el cuerpo humano ha evolucionado para adaptarse.
La evidencia científica demuestra que la columna responde a las cargas progresivas desarrollando estructuras más resistentes, un mejor control neuromuscular y una mayor capacidad para transmitir fuerza.
Desde la perspectiva de Panjabi, la estabilidad espinal depende de un sistema dinámico que mejora precisamente cuando se expone a desafíos mecánicos adecuados.
En Athlete Plan defendemos una idea sencilla: el objetivo del entrenamiento no es evitar las cargas, sino construir atletas capaces de soportarlas.
Un deportista fuerte no es aquel cuya columna nunca experimenta compresión axial, sino aquel que ha desarrollado la capacidad física y técnica para tolerarla con seguridad, eficiencia y rendimiento.
COACH MANU

Referencias

  • Adams, M. A., & Dolan, P. (2012). Journal of Anatomy, 221(6), 497-506.

  • Frost, H. M. (2004). Angle Orthodontist, 74(1), 3-15.

  • Hodges, P. W., & Richardson, C. A. (1997). Physical Therapy, 77(2), 132-142.

  • McGill, S. M. (2016). Low Back Disorders (3rd ed.). Human Kinetics.

  • Panjabi, M. M. (1992a). The stabilizing system of the spine. Part I. Journal of Spinal Disorders, 5(4), 383-389.

  • Panjabi, M. M. (1992b). The stabilizing system of the spine. Part II. Journal of Spinal Disorders, 5(4), 390-397.

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