TALLER UNIVERSIDAD EUROPEA: LECTURA 4
- Manuel Gomez

- 30 mar 2025
- 6 Min. de lectura

LECTURA 4: TRAINING LOAD AND INJURIES
El ciclo de monitoreo del atleta de TIM GABBET: un enfoque integral para la prevención de lesiones y la optimización del rendimiento
El entrenamiento deportivo moderno exige un enfoque más allá de la simple aplicación de cargas físicas. Resulta esencial comprender cómo cada atleta responde al estímulo del entrenamiento, cómo lo asimila y si se encuentra en condiciones reales para entrenar de forma segura. Estas consideraciones son fundamentales para sostener el rendimiento a largo plazo y prevenir lesiones. En este contexto, el modelo de ciclo de monitoreo del atleta propuesto por Tim Gabbett se presenta como una herramienta integradora que permite analizar múltiples dimensiones del proceso de entrenamiento y recuperación [(Gabbett, 2016)].

La siguiente lectura revisa cada una de las etapas que conforman este modelo y propone, como aporte adicional, la inclusión sistemática de una escala de dolor como herramienta para evaluar el riesgo de lesión desde una perspectiva clínica y preventiva.
1. Carga externa: ¿Qué hizo el atleta?
La carga externa se refiere al estímulo físico objetivo al que se expone el atleta mediante el entrenamiento o la competición. Esta dimensión incluye variables medibles como la duración, el volumen, la intensidad y la densidad del esfuerzo [(Impellizzeri, Marcora & Coutts, 2019)]. Es una representación cuantificable de lo que el atleta realizó, sin considerar su respuesta individual.
Ejemplos típicos de carga externa:
Metros recorridos
Repeticiones y peso movilizado
Número de sprints o aceleraciones
Velocidad o potencia generada
No obstante, en disciplinas como el CrossFit o en deportes caracterizados por esfuerzos intermitentes de alta variabilidad, el monitoreo preciso de la carga externa representa un desafío metodológico considerable. Esto se debe a la gran cantidad de variables implicadas (movimientos complejos, cargas combinadas, tiempos de ejecución variables) y a las limitaciones técnicas de los instrumentos utilizados, los cuales en muchos casos, no logran correlacionar de forma consistente con los indicadores de rendimiento específicos de estas modalidades.
Esta situación exige un enfoque más holístico y contextualizado del análisis de la carga en dichos deportes, evitando la dependencia exclusiva de métricas aisladas y promoviendo la triangulación con otras dimensiones del monitoreo como la carga interna.
2. Carga interna: ¿Cómo respondió el atleta?
La carga interna representa la respuesta fisiológica y psicológica del atleta frente al estímulo de la carga externa. Evalúa cómo el organismo interpreta e internaliza el esfuerzo realizado. Entre los indicadores comúnmente utilizados se encuentran la frecuencia cardíaca, la variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV), los niveles de lactato y otros biomarcadores fisiológicos [(Buchheit, 2014)].
Sin embargo, estos instrumentos presentan limitaciones importantes: requieren equipamiento especializado, pueden ser invasivos o poco prácticos en determinados contextos deportivos, y en muchos casos no logran captar la complejidad del esfuerzo percibido en sesiones de entrenamiento variadas.
Desde un enfoque práctico, consideramos que el indicador más simple, eficiente y aplicable para valorar la carga percibida por una sesión es la tasa de esfuerzo percibido (Rating of Perceived Exertion, RPE). Esta herramienta subjetiva permite al atleta expresar, de forma integrada, la dificultad global de una sesión, independientemente del tipo de carga aplicada. Su facilidad de implementación en cualquier entorno deportivo y su validez como estimador del estrés fisiológico la convierten en una opción altamente recomendable.
Una de las formas más utilizadas para cuantificar la carga interna a partir de la RPE es el cálculo del session load, que se obtiene multiplicando la duración de la sesión (en minutos) por el valor de RPE asignado. Este índice permite una valoración integral de la carga interna y puede ser utilizado, además, para calcular la relación Acute:Chronic Workload Ratio (ACWR), un modelo que busca estimar el riesgo de lesión en función del equilibrio entre la carga reciente y la carga habitual del atleta [(Gabbett, 2016)].
3. Bienestar subjetivo: ¿Cómo se siente el atleta?
Esta dimensión aborda la percepción subjetiva del atleta sobre su estado físico, psicológico y emocional. Se evalúa habitualmente mediante cuestionarios breves que incluyen variables como calidad del sueño, nivel de estrés, estado de ánimo y percepción de fatiga [(Saw, Main & Gastin, 2016)].

El seguimiento del bienestar subjetivo destaca por su bajo coste, facilidad de implementación y alta sensibilidad para detectar precozmente estados de sobrecarga o malestar que pueden derivar en lesiones.
4. Preparación física: ¿Está el atleta listo para entrenar?
La preparación física hace referencia a la capacidad del atleta para tolerar una nueva carga de entrenamiento de forma segura. Para su evaluación, se recurre a pruebas neuromusculares, biomecánicas y funcionales que permiten determinar el estado de recuperación y la disposición del sistema musculoesquelético [(Taylor et al., 2012)].
Herramientas comunes para evaluar esta dimensión:
Salto vertical con o sin contramovimiento
Tests de velocidad o aceleración
Evaluaciones de fuerza isométrica
Pérdida de velocidad en repeticiones submáximas
Este tipo de monitoreo posibilita la individualización de cargas, ajustando volumen e intensidad según la disponibilidad física real del atleta.
5. Escala de dolor: una dimensión crítica para la prevención de lesiones
Como aporte adicional al modelo original, se propone la inclusión de una escala sistemática para monitorear el dolor percibido por el atleta, utilizando herramientas validadas como la Numeric Pain Rating Scale (NPRS).

El dolor, aunque subjetivo, constituye un marcador clínico altamente sensible para identificar procesos de sobrecarga, inflamación o disfunciones biomecánicas incipientes que podrían evolucionar hacia una lesión si no se abordan a tiempo [(Clarsen, Myklebust & Bahr, 2013)].
Incorporar esta dimensión permite ajustar el entrenamiento en función del estado clínico percibido, promoviendo una programación más segura y personalizada.
Aplicación práctica del ciclo de monitoreo
El ciclo de monitoreo propuesto permite integrar de manera estructurada la siguiente información:
¿Qué hizo el atleta (carga externa)?
¿Cómo respondió fisiológicamente (carga interna)?
¿Cómo se siente subjetivamente (bienestar)?
¿Si está físicamente preparado (readiness)?
¿Si presenta dolor o molestias (escala de dolor)?
Esta información ofrece al equipo técnico una base objetiva y comprensiva para tomar decisiones informadas sobre cargas de entrenamiento, tiempos de recuperación y diseño del microciclo, promoviendo una cultura de prevención, comunicación efectiva y escucha activa.
Conclusiones
El monitoreo sistemático del atleta constituye una estrategia esencial dentro de cualquier programa de entrenamiento orientado al rendimiento sostenible. El modelo de Gabbett ofrece una estructura sólida para esta tarea, y su valor se ve ampliado con la incorporación del monitoreo del dolor como herramienta clínica complementaria.
En última instancia, el objetivo no es entrenar más, sino entrenar con mayor inteligencia. Comprender las respuestas del atleta en sus múltiples dimensiones es clave para optimizar el rendimiento sin comprometer la salud.
Modelo práctico de monitoreo de carga de entrenamiento: Session Load, ACWR.
La relación entre carga de entrenamiento y lesiones es clave en la preparación deportiva. Cargas muy bajas no generan adaptaciones, mientras que cargas excesivas o mal progresadas aumentan significativamente el riesgo de lesión. Existe una zona óptima de carga donde se maximiza el rendimiento y se minimiza el riesgo. El problema no es la carga en sí, sino su mala gestión.

Herramientas como el Acute:Chronic Workload Ratio (ACWR) permiten monitorear este equilibrio. Entrenar de forma efectiva implica aplicar estímulos adecuados con una progresión controlada, evitando tanto el desentrenamiento como la sobrecarga acumulativa que puede derivar en lesiones.
2. Session Load: cuantificación diaria de carga interna
La session load representa la carga total percibida de una sesión de entrenamiento, integrando la intensidad subjetiva (RPE) y el tiempo de exposición.
Fórmula:
Session Load = Duración (min) × RPE
Ejemplo: Una sesión de 60 minutos con RPE de 6:60 × 6 = 360 AU (Unidades Arbitrarias)
Este valor ofrece una estimación útil de la demanda fisiológica y psicológica de cada sesión, independientemente del tipo de carga aplicada.
3. Carga semanal y mensual: seguimiento del volumen acumulado
Estos indicadores permiten evaluar la carga global del atleta en periodos cortos y medios.
Carga semanal:
Weekly Load = ∑ Session Load (semana) Carga mensual:
Monthly Load = ∑ Weekly Load (mes)
Ejemplo:Sesiones semanales de 360, 400, 300, 420, 500 → Weekly Load = 1980 AU
4. ACWR: relación carga aguda-crónica
El Acute:Chronic Workload Ratio (ACWR) compara la carga semanal reciente con el promedio de las semanas anteriores, estimando el riesgo de lesión por desequilibrio en la progresión de carga.
Fórmula:
ACload = Carga de la semana actual
CHload = Carga semana actual promedio de las ultimas 3-4 semanas
AC/CH = ratio
Ejemplo:Semana actual: 2300 AUPromedio previo: 1993 AUACWR = 2300 / 1993 ≈ 1.15
Rangos recomendados:
< 0.80: Riesgo de desentrenamiento
0.80 – 1.30: Zona óptima
> 1.50: Riesgo elevado de lesión (Gabbett, 2016)

Referencias
Buchheit, M. (2014). Monitoring training status with HR measures: do all roads lead to Rome? Frontiers in Physiology, 5, 73.
Clarsen, B., Myklebust, G., & Bahr, R. (2013). Development and validation of a new method for the registration of overuse injuries in sports injury epidemiology: the Oslo Sports Trauma Research Centre (OSTRC) overuse injury questionnaire. British Journal of Sports Medicine, 47(8), 495–502.
Gabbett, T. J. (2016). The training—injury prevention paradox: should athletes be training smarter and harder? British Journal of Sports Medicine, 50(5), 273–280.
Impellizzeri, F. M., Marcora, S. M., & Coutts, A. J. (2019). Internal and external training load: 15 years on. International Journal of Sports Physiology and Performance, 14(2), 270–273.
Saw, A. E., Main, L. C., & Gastin, P. B. (2016). Monitoring the athlete training response: subjective self-reported measures trump commonly used objective measures: a systematic review. British Journal of Sports Medicine, 50(5), 281–291.
Taylor, K. L., Chapman, D. W., Cronin, J. B., Newton, M. J., & Gill, N. D. (2012). Fatigue monitoring in high performance sport: a survey of current trends. Journal of Australian Strength and Conditioning, 20(1), 12–23.



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