Intrusismo, redes sociales y responsabilidad profesional
- Manuel Gomez

- hace 6 días
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El problema del entrenamiento no es el método, sino quién lo prescribe
Durante años el debate en el mundo del entrenamiento ha sido técnico.
¿Qué método es superior?.
¿Qué modelo de periodización es más eficiente?
¿Qué sistema genera más rendimiento?.
Pero esa discusión, aunque interesante, esquiva la cuestión esencial:
¿Quién está tomando las decisiones que modifican el cuerpo de otra persona?
El problema no solo es metodológico. Es estructural.
No se trata de volumen frente a intensidad. Se trata de competencia frente a improvisación.
Porque entrenar no es dirigir ejercicios. Es intervenir sobre la biología humana con intención adaptativa. Es aplicar estrés para provocar cambios en tejidos, sistemas energéticos y respuestas neuromusculares. Y eso exige algo más que entusiasmo.
Cuando la ley protege la profesión
En Francia el entrenamiento está reconocido legalmente como una actividad técnica con impacto directo sobre la salud y la integridad física de la persona. Por ello, no basta con “saber entrenar” o haber sido deportista.
Para poder ejercer es obligatorio disponer de una titulación oficial registrada en el Répertoire National des Certifications Professionnelles (RNCP), como el BPJEPS (Brevet Professionnel de la Jeunesse, de l'Éducation Populaire et du Sport), el DEJEPS o el DESJEPS, o bien una formación universitaria en ciencias del deporte como la Licence STAPS (Sciences et Techniques des Activités Physiques et Sportives).
Además, el profesional debe obtener la Carte Professionnelle d’Éducateur Sportif, una acreditación estatal que autoriza legalmente a entrenar y que exige formación reglada, competencias demostradas y responsabilidad jurídica.

Entrenar sin esta cualificación no es una irregularidad administrativa: es un delito.
La ley parte de una idea sencilla pero contundente: si una actividad puede modificar la salud, debe estar en manos de profesionales cualificados.
España, en cambio ha desarrollado una regulación tardía, fragmentada y dependiente de cada comunidad autónoma. Durante décadas el entrenamiento fue percibido como actividad recreativa, como “dar clases”, no como una intervención fisiólogica y biomecánica sobre el cuerpo.
Cuando la ley no delimita la profesión, el mercado no la distingue. Y cuando el mercado no distingue, la formación pierde valor.
El coste real del intrusismo
Se suele pensar que el intrusismo perjudica únicamente al profesional cualificado. No es cierto.
Sí, el graduado ve cómo años de estudio compiten en igualdad aparente con certificaciones breves. Sí, el conocimiento profundo queda diluido en un entorno que premia la exposición.
Pero el verdadero coste lo paga el cliente.
Lo paga quien entrena cinco años sin una mejora estructural clara. Lo paga quien normaliza molestias recurrentes. Lo paga quien cree que estar exhausto equivale a progresar.
No entrenan necesariamente mal. Entrenan sin dirección.
Y entrenar sin dirección es avanzar sin mapa.
Los tres cimientos de un entrenador real
Un entrenador no se construye sobre motivación, físico llamativo o experiencia personal. Se construye sobre estructura.
Primer cimiento: formación universitaria en ciencias del deporte.
La universidad no solo aporta contenidos. Aporta estructura mental.
Durante años, el futuro entrenador estudia anatomía, fisiología, biomecánica y lesiones, construyendo la base que le permite comprender qué ocurre cuando aplica un entrenamiento.
Pero lo más importante no es solo lo que aprende, sino cómo aprende.
A lo largo de la carrera experimenta distintos deportes, métodos y profesores. Observa, compara y reflexiona. Así empieza a construir su propia metodología de enseñanza.
No memoriza ejercicios. Desarrolla criterio.
Sin esta base, el entrenamiento se convierte en recetas.
Con ella, se convierte en un proceso con fundamento.
Segundo cimiento: especialización en la disciplina.
Cada deporte tiene demandas técnicas y energéticas propias. La ciencia necesita traducción práctica. Sin especialización, el conocimiento queda desconectado del rendimiento real.
Tercer cimiento: experiencia prolongada enseñando.
La experiencia transforma información en criterio. Permite ajustar cargas a personas reales, no a modelos ideales. Enseñar durante años desarrolla algo que ningún curso intensivo puede acelerar: capacidad de decisión.
Cuando estos tres elementos convergen, el entrenador construye procesos.Cuando falta alguno, improvisa.
Redes sociales: el escenario perfecto
Las redes sociales no inventaron el intrusismo, pero lo amplificaron.
Los algoritmos premian lo llamativo, no lo riguroso. Lo espectacular, no lo coherente. Lo inmediato, no lo progresivo.
El entrenamiento, un proceso complejo y acumulativo se reduce a vídeos de 15 segundos, ejercicios vistosos, promesas aceleradas y entrenadores sin camiseta hablando a cámara.
Se simplifica lo técnico. Se estetiza lo científico. Se convierte el proceso en espectáculo.
Desaparece la planificación. Desaparece la progresión. Desaparece la individualización. Desaparece el control de la carga.
Queda la intensidad. Queda la imagen. Queda la sensación.
Y en ese entorno, la visibilidad se confunde con competencia.
Nunca fue tan fácil acceder a contenido. Nunca fue tan fácil confundir contenido con conocimiento.
El gran perjudicado, el atleta.
El atleta no necesita dominar fisiología avanzada.Pero sí tiene una responsabilidad ineludible: decidir en manos de quién pone su cuerpo.
Delegar el entrenamiento es delegar decisiones que modifican tejidos, cargas articulares, respuestas neuromusculares y procesos adaptativos a largo plazo.
¿Te pondrías en manos de alguien que se presenta como médico sin serlo?. No aceptarías que te diagnosticara quien no tiene formación para hacerlo.
¿Por qué entonces normalizar que cualquiera intervenga sobre tu cuerpo durante meses o años?
Elegir entrenador no es elegir simpatía ni intensidad. Es elegir competencia. Un profesional cualificado puede explicar qué objetivo persigue cada fase, cómo decide la carga, por qué modifica un ejercicio y qué progresión está prevista en el tiempo.
Si no hay explicación, probablemente no hay planificación. Y si no hay planificación, hay improvisación. El buen entrenamiento no se mide por el agotamiento que produce. Un tonto puede cansar a otro tonto. La calidad se reconoce en la coherencia.
Recuperar el significado de entrenar
El debate metodológico continuará, y es sano que así sea.
Pero es secundario frente a la cuestión central: ¿quién tiene y debe tener la competencia para intervenir sobre el cuerpo de otro?.
Mientras el entrenamiento siga percibiéndose como entretenimiento dirigido, el intrusismo encontrará espacio para crecer.
Las redes sociales lo amplificarán. Y la cultura profesional seguirá debilitándose.
Recuperar el significado de entrenar no implica hacerlo más complejo. Implica devolverle su responsabilidad.
Porque entrenar no es hacer moverse a alguien durante una hora.
Es decidir cómo va a adaptarse su cuerpo durante años.
COACH MANU
Licenciatura en Educación Física
Máster Alto Rendimiento Deportivo
Máster de Gestión de Instalaciones deportivas
CrossFit Level III
Más de 25 años de experiencia.


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